Invisible no es Ausente II

28.04.2018

El  Derecho de los NNA  y la Fenomenología Sistémica de Bert Hellinger (Parte II)

 

En la entrega de la semana anterior, hice referencia al lugar de los NNA (1)en el marco jurídico de la CDN , resaltando la importancia de respetar el Centro de Vida como una de las brújulas que orientan mi accionar como mediadora.

En esta ocasión ampliare el horizonte incluyendo la otra brújula, la de la Filosofía Sistémica de Bert Hellinger que da pie a otras leyes las del funcionamiento de los sistemas familiares en su aspecto del logro en las relaciones.

 

Bert Hellinger nombra dichas leyes como “Los Ordenes del Amor” destacando con énfasis el derecho a la pertenencia, dice:

“Todos los miembros de una familia , tienen derecho a pertenecer” Es así que, en el acto de la elección de la pareja, con la cual se concreta el proyecto de familia, se delinea un marco que no se reduce a dos; cada persona es un eslabón de la cadena generacional,   cadena a la cual también pertenecen los ancestros.

 

Cada miembro de la pareja permanece vinculado toda la vida a su respectiva familia de origen, a su respectiva cadena. Dicha pertenencia excede y trasciende la calidad moral o ética de sus integrantes. La pertenencia y la lealtad operan de modo inconciente,  y como corrientes subterráneas mantienen la cohesión y la pertenencia de todos los miembros de una familia; sea esta la configuración y “calidad” que tenga, alcanzando los miembros de más de una generación.

 

Es así que un niño , “pertenece, en términos de formar parte de”  a su familia nuclear y además también, a un sistema mucho más amplio que trasciende los limites de los adultos que ejercen la función de padres, incluyendo a los abuelos, los tíos, los haya conocido o no.

 

En momentos en que los padres deciden interrumpir su relación  como pareja, siguen intactos los vínculos a nivel inconsciente y la  pertenencia del niño a ambos sistemas de origen continúa viva, la lealtad inconsciente opera impidiendo que estos últimos  se rompan.

 

En el nivel de las relaciones, los niños pueden verse privados de contactar en términos reales con alguno de los miembros de uno u otro sistema, sin embargo, la fuerza de las corrientes inconscientes de pertenencia no cesa de trabajar para que la cohesión se mantenga inalterable.

 

En las mesas de mediación, desde el discurso de las partes, muchas veces escuchamos juicios de desvalorización acerca de los miembros de las familias de origen de uno u otro.

 

Este es el nivel de las relaciones, nivel en el cual se ejercen los intentos de “invisibilizar” a determinados miembros de la familia extensa. Las consecuencias de los intentos de “invisibilización “traen consigo efectos adversos que impactan en la salud física y psíquica del niño, ya que todo lo que opera a nivel inconciente se presentifica mostrando  sus efectos.

 

No son menores los efectos que se producen en el sistema judicial  ya que en estos casos se recurre a “ la justicia” para que contribuya a la invisibilización, a través de reiteradas denuncias cruzadas como intentos de eliminar a los otros, involucrando a la justicia como cómplice. 

 

Como mediadora, sé que estoy convocada a explorar, recorrer e historizar las relaciones del niño con ambas familias extensas, entendiendo que preguntando por los tíos, los abuelos, se  pone en palabras y se  “presentifica” a aquel que se intenta silenciar o borrar .

 

Como siempre, si la intervención da resultado, abrimos a las partes la posibilidad de reflexionar sobre el lugar que le están otorgando a cada uno y si no logramos abrir el espacio para que cada uno ocupe su legitimo lugar, al menos no me he deslizado soslayando en complicidad el discurso anulatorio.

 

Respetar el estado de derecho de cada niño vinculando con los derechos que lo asisten por Ley  y comprendiendo los hilos invisibles de la dinámica familiar,  me habilitan para el desempeño de mi tarea, a su vez me convocan a colaborar con el niño para asegurar que su centro de vida sea preservado y cuidado. No pocas veces he convocado niños a la mesa, basándome en su derecho a ser escuchados, que su opinión sea respetada, y conversando con ellos acerca de su diario vivir surge en los relatos de un modo u otro y como común denominador en el deseo de los niños: “que la pelea de sus padres se acabe”

 

No necesito escuchar a cada niño de cada familia, para saber que todos los niños anhelan la paz en su vida cotidiana, paz que significa que a través del hijo la mama pueda ver al papa y a su familia y que el papa  pueda ver a la mama y a su familia, dándoles el lugar que por derecho a la pertenencia les corresponde a todos , aun cuando hayan decidido vivir separados.

Desde una férrea convicción personal y orientada hacia el logro del anhelo de paz que habita el alma de todos los niños , día a  día contribuyo.   

 

(1) NNA: niños , niñas y adolescentes

(2) CDN : Convención de los Derechos del Nino

(*) Psicóloga, Mediadora, Consteladora

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